EL SILENCIO ESTÁ HABITADO

 

El norte de México está cubierto de silencio.

Miles de kilómetros repletos de arena y ojos cerrados:

un extenso anecdotario de historias humanas

que se vuelve invisible tras el velo del miedo.

La prosperidad de unos cuantos opulentos

se yergue por encima de los lamentos

y las ausencias que no serán nombradas.

Ese silencio del norte es más grande que su desierto.

 

En estas tierras yermas, la documentación d

e las consecuencias de la violencia irracional

me obligó a voltear la mirada a esas personas

que día a día sobreviven a este escenario desalentador.

Testigos que se alejan del fragor y el oropel,

son sobrevivientes de una ciudad industrial

que nunca se calla, entre la estridencia productiva

y el grito permanente de promesas de riqueza y oportunidades.

Personas que guardan su silencio,

lo atesoran, esperando el día de volver a tener voz y palabra.

 

Son imágenes que no rompen el silencio,

quizá incluso lo prolongan,

pero lo revelan habitado,

lo retratan de pie, de frente al ominoso futuro.

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