EL SILENCIO ESTÁ HABITADO

 

El norte de México está cubierto de silencio. Miles de kilómetros repletos de arena y ojos cerrados:

un extenso anecdotario de historias humanas que se vuelve invisible tras el velo del miedo.

La prosperidad de unos cuantos opulentos se yergue por encima de los lamentos y las ausencias que no serán nombradas.

Ese silencio del norte es más grande que su desierto.

 

En estas tierras yermas, la documentación de las consecuencias de la violencia irracional me obligó a voltear la mirada a esas personas

que día a día sobreviven a este escenario desalentador. Testigos que se alejan del fragor y el oropel,

son sobrevivientes de una ciudad industrial que nunca se calla, entre la estridencia productiva y el grito permanente de promesas de riqueza y oportunidades. Personas que guardan su silencio, lo atesoran, esperando el día de volver a tener voz y palabra.

 

Son imágenes que no rompen el silencio, quizá incluso lo prolongan, pero lo revelan habitado, lo retratan de pie, de frente al ominoso futuro.

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